Las cosas sencillas cobran importancia cuando no hay nada más allá. Separar las alubias de las ramitas es una tontería, pero me hizo ilusión cuando Josephine me pidió que le ayudara. Jugar con una canica puede ser muy divertido, cuado no tienes otro juguete “mejor”.
La verdad es que no sé si dar gracias por haber nacido en la parte del mundo en la que de casualidad me tocó nacer; o mejor, agradecer la oportunidad de haber vivido esto, que me ayuda a valorar lo que tengo por pura suerte del destino. Pero también me ayuda a cuestionarme en sí el concepto de felicidad. Y el de solidaridad. ¿Es lo que hacemos nosotros dando un poco de lo que nos sobra? Creo que es más bien Josephine el ejemplo de solidaridad. Una estrella que ayuda a otras “estrellas”. ¿Es la hora de comer y aparecen cuatro niños que no son suyos? pues se les saca un plato y un cubierto como a los demás y punto. Aunque la comida no sea un bien abundante…
Pero bueno, sin más moralismos y reflexiones “trasnochadas”; el fin de la visita. Pasé la mañana jugando con los diversos niños que venían por casa, hasta que se hizo la hora de continuar con las entrevistas. Esta vez tuve una interesante discusión, al margen de la encuesta en sí, sobre los hombres y el SIDA:
Después llegó mi gran momento de la semana: les di una pequeña charla sobre salud materno-infantil a 21 mujeres y 2 hombres del proyecto. Todos conocéis, claro que sí, que soy una amplia experta en el asunto… Pero e fin, con buena voluntad y motivándoles a que intervinieran, estoy bastante contenta con el resultado.
A todo esto, Josée tenía que ir traduciendo todo el rato. Lo curioso es que si yo decía un párrafo super-largo, ella lo apañaba con una frase; y si yo simplemente soltaba una frase sin mucho fuste, ella se tiraba luego un buen rato traduciendo. Conclusión: qué diferentes deben ser el francés y el kinyarwanda! O… qué gran intérprete me he buscado!
Los niños me bailaron y cantaron (incluyendo mi nombre “Amahoro” –paz en kinyarwanda-, que les encanta); todo fue como una película.
Poco más, luego Josée me llevó a su casa (son muy, muy acogedores!!) y me estuvo enseñando fotos y presentándome a su familia. Total, se hizo de noche y vaya tela para volver, estuve a punto de matarme en la oscuridad varias veces.
Cuando entré en la habitación para acostarme oí un ruido sospechoso. Siempre los oía, pero esta vez muy fuerte. Pos cogí la linterna y enfoqué hacia donde lo había oído, encima de mi cama… y había una rata. Me miró; la miré; se escondió, y yo dije “esto NO está pasando”, y a dormir. Por cierto, el número de picaduras de pulga sube y sube. Me están comiendo cual mzgungu en salsa.
¿Lo peor? Que ahora me toca despedirme. Parece una tontería, pero les he cogido mucho cariño. Espero poder volver (esta vez sólo de visita) antes de regresar a España.
THE END
1 comentarios:
Esas picaduras ya sanaran, la esperiencia perdurara...
Un besito pequeña.
Publicar un comentario en la entrada