Supongo que tengo que empezar a explicar las cosas desde el principio.
No sé si recordáis mi visita a Gicumbi en diciembre; estuvimos con un grupo de apoyo de niños seropositivos y con sus padres… Bueno, pues en aquel post anuncié que tenía una idea un poco descabellada en mente, pero que no diría nada hasta que fuera factible. Pues ale, de hecho ya ha sucedido, así que ya puedo contarlo. Me quedé con las ganas de vivir una auténtica experiencia de convivencia con una familia ruandesa, como esas a las que visité. Así nació la idea y empecé con el run-run… Hasta que redacté un proyecto de trabajo que implicara una salida sobre el terreno de varios días a la que poder ir sola y en la que poder alojarme con una familia en lugar de en un albergue.
Los objetivos “oficiales” de la salida eran 3: a) Hacer una evaluación de un proyecto con la que comenzar una recopilación de “buenas prácticas” para su posterior difusión; b) Hacer un informe con los déficits y necesidades que sirviera de base a una solicitud de fondos de
Acabo de volver de pasar cuatro días en Byumba (distrito de Gicumbi), al Norte de Ruanda. Estoy muy contenta… aunque impactada. En realidad creo que si no me lo hubiera planteado como reto personal me hubiera vuelto el mismo día que llegué (concretamente al salir del “baño”).
Cuántas cosas he echado de menos en tan poco tiempo: desde la luz al wáter como más esencial, pasando por un café o pan para desayunar. Mi colchón, un espejo, agua corriente… y ya no me voy a poner tonta con otras chorradas de mi día a día menos básicas, véase el portátil, el cepillo de dientes o una ducha… Sinceramente, no me vería capaz de vivir así mucho tiempo. Soy una patética urbanita occidental, pa qué voy a decir otra cosa. Ellos sin embargo no tienen la oportunidad de plantearse otra opción, y son felices dentro de lo que cabe, pese a los problemas (eso SÍ que son problemas!!) que tienen. Allí hemos alcanzado un punto de no-retorno: la vida compleja y fácil a la vez. Cuantos más aparatos y chorradicas tengamos, cuantas más actividades abarquemos, (la primera, yo), mejor. Lo peor de todo es que si ellos vivieran un día en nuestra casa, como nosotros, creo que nunca querrían volver a la colina. ¿Quién no es capaz de entender la inmigración con un razonamiento tan simple? Pues que se venga unos días a Gicumbi y luego ya me puede contar.
En fin… como siempre, he ido escribiendo los acontecimientos en mi libretica. Los iré pasando a ordenador y colgando poco a poco.
Un abrazo.
1 comentarios:
Urbanita número uno llamando a urbanita número dos!!! qué niños tan monos! traéme uno por favor! no, mejor voy yo a por él... sigue contando que me muero de curiosidad (y de envidia). Un besazo, qué blancurria estás!jeje, Marina.
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