Ale, se acabaron los días de desconexión en Uganda. Acabo de llegar a trabajar. Han sido unos días geniales. ¿Conclusión? Que probablemente hubiéramos sido más felices allí que aquí en Ruanda… pero qué le vamos a hacer (y más yo que elegí el puesto por el destino y no al revés…) Y diréis: no pueden ser países tan diferentes. Pues os juro que lo son en muchísimas cosas! hasta en lo más básico, como el paisaje, se nota el cambio al cruzar la frontera. Con entonación castellanomanchega, podríamos decir que “Uganda está en llano, Ruanda en cueeeeeeesta!!” Kampala es una ciudad mil veces más alegre, bulliciosa y llena de vida que Kigali. En Uganda hay muchísimas más cosas que hacer, muchos más sitios a los que ir, el clima es más agradable… y encima la gente es:
a) Más amable, abierta y divertida.
b) Más rápida
c) Hablan en inglés en lugar de francés, lo cual les sube 50 puntos de golpe.
d) No dicen “eeeehhh” y fingen que te han entendido.
Obviamente, no hay más que remitirse a los procesos históricos que ha vivido Ruanda para comprender este carácter peculiar. Ya nos lo decían, que es un país muy poco representativo de África. Pues habrá que probar más como Uganda, yo desde luego quiero volver!! Y eso pese al caos circulatorio y de vida que supone:
Al lío narrativo.
El trío de pataliebres compuesto por Mariam, Cristina y yo llegamos a Uganda tras 9 h y media de bus (de las cuales 1h 30 min la pasamos en la frontera para los líos del visado. Esto de ser de
Pero en serio, una pena no tener dinero ugandés a la ida, porque me quedé con las ganas de comprarle un maíz a uno de los 3209843 vendedores ambulantes que se acercaban cada vez que paraba el autobús.
Peeeero al grano. Entre unas cosas y otras bajamos del autobús y ya nos estaban asaltando miles de motoristas para ofrecernos sus servicios. ¿Que los viajes en moto en Kigali dan un poco de pánico? Pues se quedan en mantillas en comparación con una vuelta en "boda boda" ugandés… Sin casco, a toda velocidad y esquivando todo tipo de vehículos, peatones y obstáculos por la calle. Bajamos de la moto temblando. Luego ya le cogimos el gustillo y resulta hasta emocionante… (es broma, padres). (Ejemm...)
Conseguimos alojamiento en un cutre-hotel tras pasar por varios “Guest-houses” dignos de película de serie B que nos parecieron bastante espeluznantes. Muy bien situado, pero de tan céntrico parecía que estabas durmiendo en la calle con las flagonetas pitándote en el oído (y Kampala no descansa ni de día ni de noche). Tras ducharnos e instalarnos ya casi no dio tiempo más que a dar un pequeño paseo y a cenar en un indio que estaba increíble de bueno. En ese paseo comprobamos por primera vez que el país está repleto de unos pajarracos asquerosos y enormes que dan una cosica que pa qué. Diría que son una mezcla entre pelícanos y buitres que miden más de un metro de altura y se dedican a comer basura.
Sólo puedo alegar que dan mucho más asco al natural. Yo lo remarqué especialmente, sobre todo cuando estaba paseando… la la laaaaa… y de repente cayó algo del cielo… la la la…. y sin poder esquivarlo no me quedó otra que chillar de repugnancia… No comment. Todavía se me ponen los pelos de punta.
En fin, mañana seguiré con el segundo capítulo del viaje.
Un abrazo!
1 comentarios:
Ya estaba yo esperando la entrega por fascículos de tus aventuras en Uganda. Mañana me voy a Portugal hasta el domingo, un congreso sobre la frontera hispano-lusa en el siglo XIX y XX, fascinante, ehhh? puede ser divertido. Te leeré a la vuelta. Besitos, Marina.
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